Saluda del cardenal arzobispo

Los misterios que celebramos en la Semana Santa nos acercan a todos ese gran torrente de misericordia que atraviesa la historia de la humanidad. Jesús tiene un protagonismo singular y único, ha convertido el rostro invisible del Padre en visible: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). ¡Qué hondura nos entregan a la vida humana y a nuestra historia la Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo! Ese «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad» (Ex 34, 6) no se puede contemplar más que en el rostro del Hijo hecho hombre.

En nuestras celebraciones se nos entrega Jesús en persona, podemos vivir y participar en ese don inmenso de prolongar su presencia entre nosotros en el misterio de la Eucaristía; se da en alimento para nosotros hasta que podamos hacer nuestras las palabras de san Pablo: «No soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Escuchamos el relato de su Pasión y Muerte, es decir, de su entrega incondicional por amor a todos los hombres, y celebramos con una alegría inmensa su Resurrección, su triunfo que es el nuestro.

En el caminar por ese mundo, Jesús se encontró con mucha gente. En el Evangelio vemos hombres y mujeres en situaciones de dificultad, de sufrimiento, de enfermedad y de luto, también en situaciones normales de su vida, que encontraron salida y esperanza en Jesús.

En las procesiones de la Semana Santa, el Pueblo Santo de Dios ha encontrado un modo de expresar la presencia de Cristo. Las cofradías y hermandades, formadas por cristianos, salen a las calles de Madrid con imágenes del Señor, de su Madre y de otras personas presentes en el Evangelio, para mostrar el rostro de un Jesús que ama sin medida y quiere hacer entrega al pueblo de su proyecto.

En esta Semana Santa os invito a que sintáis la llamada del Señor. Cuando pasen las procesiones por nuestras calles y contempléis los pasos, ved cómo el Señor os llama como a Zaqueo: «Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (Lc 19, 5). Nos dice el Evangelio que Zaqueo se dio prisa en bajar. El Señor quiere entrar en nuestra vida, no importa como esté tu casa, déjale entrar y verás la diferencia que tiene tu vida. Jesús busca a todos. Y a ti y a mí nos encuentra en la calle mirando, curioseando, pero es ahí donde, si lo dejamos entrar, va a cambiar nuestro corazón y nos va a hacer fijarnos más tanto en lo que nos falta y Él nos da como en las necesidades de los otros para que compartamos lo que tenemos. No te escondas. En Madrid, esta Semana Santa, el Señor te llama por tu nombre como a Zaqueo.

Con gran afecto, os bendice:

+Carlos Card. Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid